
El deslinde : El Gobierno del Estado no improvisó su deslinde; lo ejecutó. La narrativa que soltaron anoche sobre el “presunto accidente” en la sierra de Chihuahua no es nueva, es la conclusión de una historia que ya venía armada desde hace semanas.
Porque esto nunca fue sorpresa. La presencia de agentes extranjeros sí, de inteligencia, no “visitantes”,no era un secreto a voces, era un tema que ya circulaba en círculos políticos y de seguridad. Lo que sí sorprende es la facilidad con la que ahora todos dicen no saber nada.
Y en medio de eso, el movimiento de encomendar la investigación a la actual fiscal de la FEM, Wendy Chávez, a través de una unidad especial. Desde ahí, el rumbo ya era predecible. No por su perfil, sino por el contexto, una investigación interna, controlada y políticamente sensible rara vez termina señalando responsabilidades reales hacia arriba.
El cierre es igual de predecible, aparece un nombre, Pedro Oseguera Cervantes, y con eso se intenta dar carpetazo. El problema es evidente, el principal señalado ya no está para defenderse ni para aclarar nada. Así, el caso no se resuelve se administra.
la renuncia: La renuncia de César Jáuregui Moreno suena a sacrificio político, pero en realidad deja más preguntas que respuestas. Dice asumir responsabilidad, pero no explica cuál, ni hasta dónde llega.
Porque aquí no hablamos de un error administrativo menor. Hablamos de versiones oficiales que cambiaron al menos dos veces. Y eso no es casualidad. Eso es control narrativo. Y el propio Jáuregui fue quien encabezó esos cambios.
Entonces, ¿qué significa su salida? ¿Un cierre? ¿Una sanción? ¿O simplemente un movimiento táctico para bajar presión? Porque la renuncia no borra el hecho central, hubo intervención extranjera en territorio estatal y nadie ha explicado bajo qué marco ocurrió, simplemente se dice el fallecido tuvo la culpa y carpetazo.
Además, la rapidez con la que se designa a un encargado deja claro que el gobierno ya tenía listo el siguiente paso. No hubo vacío, no hubo crisis visible, solo continuidad. Eso no es reacción, es planeación.
Y mientras tanto, el futuro político del propio Jáuregui queda en el aire, pero no descartado. Porque en política local, renunciar rara vez significa retirarse.
El silencio de Loya y la burla de Maru:Hay algo más revelador que lo que se dice, lo que se evita decir.
El secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya, simplemente no aparece. No da entrevistas, no responde cuestionamientos y cancela espacios públicos donde tendría que explicar su papel. La versión oficial lo pinta como alguien que “no sabía nada”, pero esa narrativa es difícil de sostener cuando el tema ya escaló incluso a nivel federal.
De hecho, la presidenta Claudia Sheinbaum ya dejó claro que la responsabilidad podría recaer en instancias estatales como la Fiscalía o la propia Secretaría de Seguridad. Es decir, el silencio no protege, expone.
Y luego está la gobernadora Maru Campos. Su aparición pública con 50 segundos. Su contenido prácticamente nulo. Evade, no profundiza y remata con un tono que podría interpretarse hasta de burla.
Pues al momento de cuestionarle sobre la situación la mandaría se inclina a contestar voy a contestar el “teléfono rojo”, haciendo referencia a sus omisiones al no estar en su oficina para poder contestar el teléfono a la presidenta de la República Claudia Sheinbaum.
Aquí no hay confusión, hay una cadena de omisiones. Y cuando todos dicen no saber nada, la pregunta cambia: ,no es quién sabía sino quién está dispuesto a decir la verdad.






