
Maru miente, Así se piensa en los círculos políticos de Chihuahua. Y lo vimos nuevamente con la renuncia de Anya Trevizo.
Anya, una de las personas más cercanas a la gobernadora, decidió dar un paso al costado. Y eso deja algo muy claro, esa no fue la primera vez que Maru reaccionó de esa manera con una subordinada. Lo vimos todos cuando la humilló públicamente por hacer su trabajo, corregirle unos datos que la propia gobernadora desconocía.
Lo que más llama la atención es lo que pasó después. Un día más tarde, Maru recibía un reconocimiento por “buenas prácticas”, acompañada de Rafael Loera, esposo de Anya. Y aquí no hablo de un tema de pareja, porque ese es privado. Hablo del mensaje político. Tu esposa acaba de ser humillada frente a toda la prensa y tú apareces al día siguiente sonriendo en un evento oficial como si nada hubiera pasado.
Después vino el discurso de que “todo conmigo, nada con ella” y de que son ataques políticos. Pero no. Aquí nadie está hablando de Rafael. La que fue exhibida fue Anya. La que quedó en una posición incómoda fue Anya. La que terminó renunciando fue Anya.
Y, sinceramente, bien por Anya. Porque ningún cargo vale más que la dignidad.







