
“Debo, no niego.
Pago no tengo.
¿Qué quieres que haga? Embárgame a mí.”
La formación, pero además la experiencia, me ha dado la oportunidad de comprender lo que significa que un gobierno estatal prefiera pagarle a un banco antes que invertir en la gente.
Es así que, partiendo del cancionero, me permito hacer una reflexión rumbo al cierre de esta administración estatal, que bate récords y no precisamente en el buen sentido.
Primero, ya para el 31 de diciembre del año anterior, nos alejábamos bastante de la buena administración “en casa” que se adoptó como la narrativa de la actual titular del Ejecutivo estatal, con una deuda pública que llegó a superar los $61,000 millones de pesos, según el propio Informe Analítico de la Deuda de la Secretaría de Hacienda. Cabe señalar que, esta administración recibió el estado en septiembre de 2021 con una deuda de $48 mil 218 millones.
Como quien multiplica los bienes, pero al revés, se multiplicaron los males y en cuatro años, la deuda aumentó en $13 mil 246 millones 485 mil pesos, es decir, un 27.5% más. Y eso sin contar los $3 mil millones de largo plazo que ya está contratando y $2 mil millones de corto plazo de este año.
La propia gobernadora reconoce que la deuda hoy asciende a 64 mil millones de pesos, pero dice que es herencia de hace tres o cuatro sexenios. Los números no mienten: Poniéndolo en perspectiva, cada chihuahuense, desde el bebé de Guachochi hasta el obrero de Juárez, debe $13,811.4 pesos, tres veces el promedio nacional de $4,676.5 pesos. Somos primer lugar nacional con 4.5% en deuda como porcentaje del PIB estatal, cuando la media es 1.9%. Nuestra deuda representa el 52.8% de nuestros ingresos totales contra 19.8% nacional, y 133% de nuestras participaciones federales. Estamos hipotecados.
Lo peor es que eso es solo la primera deuda: la financiera. Hay una segunda que es peor: la deuda con el pueblo.
En cuatro años no hay un solo hospital nuevo de alta especialidad, no se terminó el corredor BRT de Juárez, las carreteras de la Sierra siguen siendo brecha, y el sistema de agua potable de Chihuahua capital colapsa cada verano. En cambio, sí hay un dato que explica mucho: solo en comunicación social para ocultar la falta de obras se han gastado $1,960 millones de pesos.
En cada espacio en el que tuve oportunidad, la deuda siempre fue prioridad a tratar, y debo decir que, la deuda no es mala en sí misma, mala es cuando es impaga e improductiva y temo decir que, la deuda de Maru es exactamente eso: cara, a 20 y 25 años, con sobretasas, y sin obra que la respalde.
Esa es la diferencia con la 4T. Mientras el Gobierno Federal construye Tren Maya, refinerías y garantiza pensión universal sin aumentar la deuda en esa proporción, aquí el panismo endeuda para sostener su aparato.
Por eso más allá de hablar de alternancia en Chihuahua en 2027, debemos hablar de transparencia y de mecanismos que nos permitan pasar de ser administradores de la deuda del PRI y del PAN. Necesitamos un gobierno que por primera vez le deba algo al pueblo, no a los bancos.







