Archivo - Varios obreros trabajan en una fábrica de calzado en León, México, el 7 de febrero de 2023. Aunque el impacto del T-MEC ha sido leve, ha ayudado a los trabajadores y los principales beneficiarios han sido en México. (AP Foto/Mario Armas, Archivo)
EUA. – Los migrantes mexicanos en Estados Unidos no solo sostienen sectores clave: ya representan una potencia económica global. De acuerdo con un informe encabezado por el académico Raúl Hinojosa Ojeda, los 38 millones de personas de origen mexicano generaron en 2024 un Producto Interno Bruto (PIB) de 2.27 billones de dólares. Si se tomara como un país independiente, sería la octava economía más grande del mundo.
El estudio, desarrollado desde la Universidad de California en Los Ángeles, detalla que esta cifra representa más de la mitad del total económico de la población latina en EE.UU., cuyo PIB asciende a 4.2 billones de dólares, una magnitud comparable con la economía de Alemania. En términos simples: los latinos y en especial los mexicanos ya mueven más dinero que países enteros como Brasil o Canadá.
El dato que incomoda a la narrativa política es otro: los migrantes mexicanos, incluidos los indocumentados, no solo trabajan, también sostienen el sistema fiscal. Tan solo este sector aporta alrededor de 36 mil millones de dólares anuales en impuestos, incluyendo contribuciones a programas sociales a los que ni siquiera pueden acceder. Aun así, las políticas antimigrantes impulsadas durante el gobierno de Donald Trump son señaladas en el informe como un “desastre económico autoinfligido”.
El análisis plantea que la deportación masiva no solo es una medida socialmente polémica, sino financieramente absurda. Regularizar a cerca de 4 millones de mexicanos indocumentados podría generar al menos 15 mil millones de dólares adicionales en impuestos cada año, además de elevar salarios y reducir la economía informal que hoy beneficia a empleadores que operan al margen de la ley.
Pero el golpe de realidad va más allá: el informe advierte que tanto México como EE.UU. han desperdiciado décadas sin construir una verdadera integración económica. De haberse implementado estrategias binacionales desde los años 90, el PIB de los mexicanos en EE.UU. podría acercarse a los 3 billones de dólares, mientras que la economía de México sería actualmente el doble de grande.
En este contexto, también se pone sobre la mesa una jugada estratégica: redirigir hasta el 10% de las remesas que superan los 60 mil millones de dólares anuales hacia inversión productiva. Con instrumentos como CETES, ese flujo podría convertirse en hasta 6 mil millones de dólares al año destinados a desarrollo en las regiones más pobres del país. No es filantropía es capital dormido.
El mensaje de fondo es incómodo pero claro: la economía migrante ya no es un fenómeno social, es un factor estructural del sistema económico norteamericano. Ignorarla no solo es políticamente miope es perder dinero.







