
China., Las refinerías independientes conocidas como “teteras” en China se han convertido en un actor clave dentro del mercado energético global, al operar como compradoras de petróleo proveniente de países bajo sanciones como Irán, Rusia y Venezuela. Estas plantas, ubicadas principalmente en la provincia de Shandong, funcionan al margen de los grandes consorcios estatales y con una mayor flexibilidad operativa.
El origen del término se remonta a la década de los noventa, cuando estas instalaciones eran pequeñas, con tecnología limitada y una capacidad de refinación reducida. Durante años operaron en condiciones precarias, procesando residuos de combustible y manteniéndose en una zona gris de la legalidad. Sin embargo, en 2015 el gobierno chino decidió otorgarles permisos para importar crudo de forma directa, lo que impulsó su modernización y crecimiento.
Actualmente, estas refinerías representan cerca del 20 por ciento de la capacidad de refinación en China, el mayor importador de petróleo del mundo. Su tamaño puede variar entre los 40 mil y 214 mil barriles diarios, lo que les permite competir en el mercado interno y aumentar la presión sobre las grandes empresas estatales como PetroChina, Sinopec y CNOOC.
Uno de los factores que ha fortalecido su papel es su participación en la compra de crudo con descuento. Debido a las sanciones internacionales, países como Irán, Rusia y Venezuela ofrecen su petróleo a precios reducidos, lo que resulta atractivo para estas refinerías. En algunos casos, los descuentos pueden alcanzar hasta 30 dólares por barril respecto al precio de referencia.
Este modelo ha permitido a las “teteras” obtener ganancias significativas, al tiempo que facilitan la salida de petróleo sancionado hacia el mercado global. Tan solo en 2023, el 98 por ciento de sus importaciones de materias primas provino de estos países, consolidando su papel como intermediarias en un sistema energético que opera parcialmente fuera de las reglas tradicionales.







