
A raíz del reciente paro nacional de productores y transportistas, el oportunismo político no se ha hecho esperar: debates en torno a las medidas adoptadas por los niveles de gobierno a los que les falta una pizca de autocrítica, así como análisis de problemas que no son nuevos han estado en boca de quienes dicen ser expertos pero que parten de un sesgo informativo.
Lo anterior motiva que, iniciemos por reconocer que Chihuahua se ha ganado a pulso ser ejemplo del esfuerzo del agro en el norte del país; para quienes tenemos la oportunidad de recorres el estado, queda claro que el campo no solo se traduce en un sector económico, sino en la columna vertebral de nuestra identidad.
No es coincidencia entonces que, Chihuahua sea líder en producción de nuez, manzana y algodón, liderazgo que no ha sido ignorado por la Presidencia de la República, desde donde se ha buscado garantizar la sostenibilidad de una actividad que, dado los retos globales que enfrenta, pareciera más una vocación.
Es así que, desde el Gobierno Federal, la visión hacia el campo chihuahuense ha ido evolucionando, pasando afortunadamente de un modelo asistencialista, hacia uno de capitalización y tecnificación. La Presidenta ha dado instrucciones claras: el manejo del agua no debe abordarse como una gestión de crisis sino como una planeación estratégica que permita dar no solo un respiro, sino un largo aliento al campo mexicano.
En tal virtud, la administración en conjunto con SADER, ha priorizado la inversión en infraestructura que permita optimizar el agua, no solo como medida de protección, sino como una importante reducción en costos de operación para las personas productoras, para que el campo sea rentable y no se limite por ineficiencias operativas.
“Producción para el Bienestar” más allá de ser un programa, es un enfoque que ha permitido que productores agrícolas cuenten con liquidez que antes, o no existía, o se daba a discreción: La entrega de fertilizantes gratuitos este año se ha consolidado como acto de justicia social y eliminando intermediarios, los insumos llegan a tiempo para el ciclo agrícola, fortaleciendo la soberanía alimentaria desde lo local.
Los retos de Chihuahua han sido entendidos desde su magnitud: no se admiten esfuerzos aislados, sino que requieren coordinación más que, como una necesidad política, como una deuda pendiente con las personas que se dedican a la producción agrícola, lo que ha motivado una política de puertas abiertas y colaboración técnica, porque cuando el campo prospera, México se fortalece.
Podemos irnos detalladamente a escudriñar los pendientes, sin embargo, la resiliencia del campo chihuahuense, se suma al compromiso del Gobierno de México, lo que permite consolidar alianzas y puentes que conecten el potencial de la tierra con las herramientas y apoyos necesarios para que, el campo, siga siendo el orgullo de nuestra nación.
Sembrar el futuro significa, ante todo, creer en nuestra tierra y en la gente que la trabaja.






