Zúrich., Luis Magallanes camina por la Sechseläutenplatz en Zúrich mientras se protege del frío con una bufanda gris, consciente de que su voz es su herramienta de vida. El tenor venezolano forma parte del coro de la Ópera de esta ciudad suiza, un escenario que contrasta con la realidad que enfrentó años atrás en su país de origen.
Tras terminar un ensayo de La fuerza del destino de Giuseppe Verdi, Magallanes observa el cielo invernal y recuerda el sol de Venezuela. La obra que ensaya, marcada por el amor, la guerra y el exilio, refleja experiencias que él mismo vivió antes de abandonar su país debido a la precariedad económica.
Hace siete años, pese a contar con un empleo y un salario en Venezuela, sus ingresos apenas le permitían cubrir la comida diaria. En ese contexto, el futuro como cantante lírico parecía cada vez más incierto, al grado de considerar dejar su vocación para viajar a Argentina y trabajar en una carnicería, una de las pocas opciones laborales seguras que tenía en ese momento.
Lejos de renunciar a su sueño, decidió intentarlo una vez más y buscó apoyo dentro del mundo musical venezolano. Comenzó a escribir a figuras reconocidas que vivían fuera del país, con la esperanza de recibir orientación o ayuda para continuar su camino artístico.
Entre las personas a las que contactó se encuentra la pianista Gabriela Montero, destacada músico venezolana con presentaciones en escenarios internacionales de alto nivel. Ese paso marcó un momento clave en la historia de Magallanes, quien hoy forma parte de una de las casas de ópera más importantes de Europa.
