
Chihuahua, Chih., Miles de personas pasan diariamente por la Plaza de Armas, pero pocos conocen la historia de las emblemáticas estatuas que adornan este espacio en pleno corazón del Centro Histórico de la ciudad. Estas figuras, colocadas alrededor del kiosco principal, se han convertido en parte de la identidad de Chihuahua capital y en testigos silenciosos del paso del tiempo.
Las esculturas llegaron desde Francia a finales del siglo XIX, durante la administración del entonces gobernador Miguel Ahumada, como parte de un proyecto para embellecer las plazas más importantes de la ciudad. Fueron elaboradas por la fundidora artística Val d’Osne, reconocida internacionalmente por fabricar mobiliario urbano y esculturas de hierro fundido.
Aunque muchas personas creen que representan únicamente las estaciones del año —primavera, verano, otoño e invierno—, también existe otra interpretación histórica: simbolizan las principales actividades económicas de Chihuahua en aquella época, como la minería, la agricultura, el comercio y el trabajo.
Las figuras se encuentran entre la Catedral Metropolitana y la Presidencia Municipal, formando parte de uno de los puntos más fotografiados y visitados del Centro Histórico. Junto al kiosco parisino y las esfinges decorativas, forman un conjunto artístico considerado patrimonio histórico de la ciudad y protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Con el paso de los años, las esculturas han recibido mantenimiento y restauraciones para evitar el desgaste causado por el clima y el tiempo. Incluso recientemente se realizaron trabajos de limpieza y aplicación de materiales especiales para conservar su brillo y estructura original.
Hoy, las estatuas siguen siendo parte esencial de la vida cotidiana en Chihuahua. Entre turistas, familias, músicos y vendedores ambulantes, estas piezas francesas continúan observando la historia de la ciudad desde la Plaza de Armas, convertidas ya en uno de los símbolos más reconocibles de la capital.
Reportero: Ángel Solís





