
ALONDRA MARTINEZ La continuidad de Alondra Martínez al frente del IMPLAN no es, en el fondo, una discusión técnica, es política pura. Y como toda decisión política en Chihuahua capital, pasa inevitablemente por el tablero del alcalde Marco Bonilla.
El movimiento reciente, la llegada de un nuevo presidente al Consejo de Planeación Urbana se presenta como un trámite reglamentario. Pero en realidad abre una ventana” la posibilidad de reconfigurar uno de los espacios más estratégicos del municipio sin asumir directamente el costo de la decisión”.
Bonilla juega a dos bandas. Por un lado, elogia a Martínez, reconoce su trayectoria y hasta subraya el valor simbólico de una “visión femenina” en la planeación urbana. Por otro, traslada la decisión final a un consejo que, aunque autónomo en papel, difícilmente opera al margen del contexto político del Ayuntamiento.
La fórmula es conocida, respaldo discursivo, pero margen de maniobra abierto.
Si Martínez se queda, será presentada como una validación técnica del consejo. Si se va, también sin embargo, el argumento será la necesidad de nuevos perfiles o ajustes estratégicos. En ambos escenarios, el alcalde queda cubierto.
Pero hay algo más de fondo. El IMPLAN no es una oficina cualquiera, es donde se define el rumbo de la ciudad, desde el crecimiento urbano hasta los intereses inmobiliarios. Controlar ese espacio directa o indirectamente es tener influencia sobre el Chihuahua de los próximos años.
Por eso, esta “evaluación” no debe leerse como un simple proceso administrativo. Es una señal de reacomodo político.
La pregunta no es si Alondra Martínez tiene méritos para continuar. La pregunta real es si su perfil encaja en la siguiente etapa del proyecto político del alcalde.
CEDH: La llegada de la nueva presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Ada Miriam Aguilera arranca entre dudas luego de que se diera a conocer su afinidad con el Partido Acción Nacional. No es ilegal ni indebido, ya que cualquier ciudadano tiene derecho a militar en un partido político. Sin embargo, cuando se trata de un organismo que debe vigilar abusos del poder sin distinción, la percepción de imparcialidad se vuelve fundamental, y desde el inicio su gestión queda bajo observación.
El contexto político tampoco pasó desapercibido. Morena intentó frenar el nombramiento, mientras que la diputada Rosana Díaz marcó distancia definitiva pues luego de denunciar presunta violencia política en razón de género por parte del coordinador Cuauhtémoc Estrada, su voto terminó siendo clave en la decisión 22 votos a favor 11 en contra . Este escenario dejó la sensación de que la designación no solo fue institucional, sino profundamente política, lo que abre el debate sobre la legitimidad y la independencia del organismo.
La nueva presidencia apenas comienza, pero el reto es claro, demostrar con hechos que la balanza será pareja para todos los partidos y actores políticos. En derechos humanos no basta con decir que se actuará con imparcialidad, se debe demostrar. Porque cuando la confianza inicia con dudas, cada decisión se convierte en una prueba.







